persona mayor con ataque de ansiedad junto a mujer preocupada

Qué no hacer cuando una persona mayor tiene ansiedad 

Cuando una persona mayor tiene ansiedad, lo primero que suele aparecer es la duda: “¿Qué hago ahora?”. Te damos varios consejos de cómo actuar ante esta situación: 

1. Entender qué está pasando 

En una persona mayor, la ansiedad no siempre se presenta como “nervios”. Puede aparecer como quejas físicas: más dolor, presión en el pecho, sensación de ahogo, mareo, insomnio.  

Antes de pensar en “está exagerando”, conviene recordar algo simple: su cuerpo ha cambiado, su entorno también y muchas veces siente que ha perdido control. 

2. Qué no hacer en el momento de la crisis 

1. No acercarte de manera brusca o acelerada

  • No camines rápido hacia la persona.
  • No te muevas con gestos grandes o tensos.
  • No hables con un tono alto o precipitado.

2. No intentes convencerla con argumentos racionales

  • No le digas “no tienes motivos para estar así”.
  • No trates de explicarle por qué “todo está bien”.
  • No debatas, no discutas, no presiones para que “entienda”.

3. No ignores lo que está sintiendo ni le restes importancia

  • No digas “tranquilízate”, “es una tontería”, “no es para tanto”.
  • No evites hablar de lo que estás viendo.

4. No impongas técnicas de respiración complicadas o técnicas sin explicarlas

  • No le pidas hacer ejercicios sofisticados o que no conoces bien.
  • No marques un ritmo apresurado o incoherente.
  • No le digas “respira bien” sin acompañarla tú mismo.

5. No la desconectes aún más del presente con preguntas complejas

  • No le pidas que “piense en otra cosa” o que “se concentre en el futuro/pasado”.
  • No uses preguntas filosóficas, abstractas o racionales.

6. No asumas lo que necesita ni actúes sin preguntar

  • No tomes decisiones por la persona sin consultarla.
  • No le digas “te voy a dejar solo”, “te voy a abrazar”, “voy a llamar a alguien” sin saber si lo quiere.

4. Después del episodio: revisar las causas 

Cuando el momento agudo ha pasado, llega la parte importante: entender qué lo dispara. 

Algunas preguntas útiles, sin interrogatorio: 

  • “¿Recuerdas qué estabas pensando antes de encontrarte así?” 
  • “¿Te pasa más por la noche, por la tarde, cuando estás solo…?” 

Aquí suele aparecer la raíz: miedo a caídas, a morir solo, a ser una carga, cambios de rutina, pérdidas recientes, efectos de medicación. 

Con esa información se pueden hacer ajustes: más acompañamiento en determinadas horas, rutinas más claras, recordatorios escritos, visitas más estructuradas, coordinación con el médico. 

5. Apoyos en casa: no hacerlo todo solo 

Cuidar a una persona mayor con ansiedad agota. Sobre todo, si eres familia y convives con ella. A veces el simple hecho de que, entre otra persona en casa, aunque sea unas horas al día, baja la tensión. Una cuidadora que la acompañe en los momentos críticos (tardes largas, noches) puede actuar como “amortiguador”: escucha, detecta cambios y avisa a la familia cuando algo empeora. 

6. Cuándo pedir ayuda profesional 

Hay señales claras de que hace falta ir más allá: 

  • La ansiedad impide dormir casi cada noche. 
  • Aparecen ideas de muerte o frases como “mejor no estar aquí”. 
  • Deja de salir de casa por miedo. 
  • El cuidador principal empieza a desbordarse. 

En estos casos conviene hablar con el médico de cabecera y, si es posible, con un profesional de salud mental.